dijous, 2 d’agost del 2012
Imposible, improbable.
La real academia define la palabra imposible como algo que no tiene facultad ni medios para llegar a ser, o suceder. Y define improbable como algo inverosimil, que no se funde a una razon prudente.
Puestos a escojer, a mi me gusta mas la improbabilidad que la imposiblidad, como a todo el mundo, supongo. La improbabilidad duele menos, y deja un resquicio a la esperanza, a la epica.
Que David ganara a Goliat, era improbable, pero sucedió. Un afroamericano habitando la casa blanca, era imrpobable, pero sucedió. Que los Baron Rojos volvieran a tocar juntos, era improbable, pero tambien sucedió. Nadal desbancando del numero uno a Federer, una periodista convertida en princesa, el 12-1 contra Malta.
El amor, las relaciones, los sentimientos, no se fundan en una razon prudente. Por eso no me gusta hablar de amores imposibles, sino de amores improbables. Porque lo improbable es por definicion, probable. Lo que es casi seguro que no pase, es que puede pasar. Y mientras haya una posiblidad, media posiblidad entre mil millones de que pase, vale la pena intentarlo.
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